Medir por resultados, ¿La cura para la improductividad?

Son las cinco de la tarde, Carlos terminó su trabajo y quiere ir a su casa. Mira a su alrededor y sus colegas siguen en sus puestos concentrados, su jefe está en su escritorio y parece no tener intenciones de pararse de su silla. Faltan treinta minutos para la hora de salida, así que, para no dar una mala impresión, Carlos decide entrar a Internet, se adelanta en noticias, revisa su correo y tiene listo algún documento en Word o Excel para abrir cuando alguien se acerque a su escritorio. Aunque Carlos ya realizó todas las tareas del día, no se siente en la libertad de irse, pues si se va antes de lo estipulado, su jefe y sus colegas pensarán que es un empleado “poco comprometido”.

Esta realidad, muy común en la mayoría de las compañías, es una herencia de la era industrial donde la ausencia de un trabajador afectaba toda la línea productiva. Actualmente, sin embargo, con las facilidades que tenemos gracias a los avances tecnológicos, esta percepción sobre la forma en que se trabaja, poco o nada aplica.  De hecho, las empresas que basan la medición del desempeño en horas trabajadas, generan una cultura organizacional que inhibe la productividad, la creatividad y la capacidad de innovación, habilidades necesarias para competir en el mercado. 

De nada sirve tener a un trabajador en su puesto de trabajo si este puede estar navegando en la web, viendo videos, revisando su correo, o jugando Angry Birds. Bloquear el acceso a ciertas páginas como Facebook, YouTube o Gmail es una opción, pero siempre alguien encontrará la forma de acceder a estas, eludiendo las políticas del departamento de tecnología. 

¿Cuál es, entonces, la solución para mantener motivados a los empleados y evitar la falta de productividad en horas laborales?

La solución es, en teoría, sencilla: en vez de contabilizar las horas de trabajo, las compañías deberían medir el desempeño de sus empleados en términos de resultados. ¿Cuántos clientes nuevos se consiguieron durante el mes? ¿Cuántos contratos se firmaron? ¿Cuántos clientes potenciales se visitaron en la semana? ¿Se lanzó al mercado un nuevo producto o servicio? Trabajar por resultados traerá ventajas competitivas a las empresas lo cual, en últimas, se traducirá en retornos económicos importantes.

La pregunta es, ahora: ¿cómo hacerlo? El primer paso es crear indicadores. ¿Cuáles son los objetivos más importantes del cargo o el área? ¿Qué actividades se deben llevar a cabo para cumplir con aquellos objetivos? Teniendo clara la respuesta a estas dos preguntas, el jefe y el empleado deben desarrollar indicadores (cuantitativos y/o cualitativos) que evalúen los resultados finales, de acuerdo con las metas propuestas. Habiendo determinado los indicadores, el siguiente paso es hacerles un seguimiento continuo, reportando los inconvenientes que se presenten y sugiriendo posibles soluciones.

Por otro lado, es muy importante crear una cultura organizacional orientada más a los resultados y menos a la necesidad de estar en el puesto de trabajo durante ocho horas. Fomentar el trabajo en equipo, la autovigilancia, la autonomía, el inconformismo y el deseo de superación es un buen inicio. Por supuesto, esto no se logra por medio de un correo institucional; deben existir estrategias claras que respalden esta nueva cultura. Una forma de hacerlo es por medio del diseño de espacios físicos que vayan de la mano con los nuevos valores: ambientes que permitan a los empleados reunirse y trabajar en equipo, lugares donde puedan buscar inspiración o tomar un descanso, zonas de trabajo individual para desarrollar tareas que requieran concentración, entre otras. Algo sí es claro, y es que la distribución de oficinas típica de los años ochenta (cubículos independientes, oficinas cerradas para gerentes, pocas zonas de socialización) no responde a las necesidades actuales de los empleados y, por lo tanto, de las compañías. 

Indiscutiblemente, pasar de contabilizar las horas trabajadas a evaluar a los trabajadores por resultados, no es tarea fácil. No obstante, una vez realizado el cambio, las compañías notarán que los empleados son más productivos y éstos, a su vez, contarán con más tiempo para ocupar en actividades distintas a las laborales; un equilibro que mantendrá motivado a cualquiera, tanto en lo personal, como en lo profesional. Una apuesta que las compañías no querrán perder.